El Festival de Cerámica del Callao se armó en tres días con talleres, feria de piezas y una mesa de demostración con torno. La organización venía de dos ediciones anteriores con afiches distintos cada año, sin un sistema que los uniera, y para esta tercera querían algo que se reconociera de lejos: en la pared de una galería, en la pantalla del celular y en la puerta del local donde se hacía el registro.
La única referencia clara era el material de trabajo: arcilla roja, barbotina, piezas en proceso de secado. Nada de fotografías de objetos terminados ni de catálogos de cerámica importada. Ese punto de partida definió todo lo demás.
La dirección visual se resolvió con dos tintas sobre papel hueso: un negro de tinta plana para el texto y la retícula, y un naranja quemado que aparece solo en los acentos y en las marcas de día. La retícula no se esconde: se imprime como líneas finas que separan las columnas del programa, de modo que el afiche funciona como una hoja de taller, no como un cartel publicitario.
El sistema de afiches tiene tres formatos. El grande, para la entrada y las paredes del local, con el programa completo por día. El mediano, para vitrinas de tiendas aliadas. Y el cuadrado, pensado para redes, donde la retícula se simplifica y el naranja gana peso para que la pieza no se pierda en el scroll.
El programa de mano es un pliego plegado en tres cuerpos: portada con el sello del festival, cuerpo central con la grilla de talleres por hora, y reverso con el mapa del local y los pictogramas de cada zona. Los pictogramas son trazos simples, sin relleno, dibujados a partir de las herramientas del oficio: el torno, la espátula, el rodillo, la cubeta de esmalte.
La señalética interna repite esos mismos pictogramas en placas de cartón piedra colgadas a la altura de la vista. Cada zona tiene su color de acento dentro del naranja quemado, así que la gente se orienta sin leer el texto completo. Fue una decisión práctica: el local tiene techos altos y poca luz artificial, y las placas tenían que leerse desde lejos.
La prueba de color se hizo sobre el mismo papel hueso que usaría la imprenta, porque el naranja quemado cambia bastante según la absorción. Se ajustó la tinta dos veces antes de aprobar la corrida. El equipo del festival recibió los archivos abiertos y una guía de una página, suficiente para que el próximo año puedan rearmar la pieza sin volver a empezar de cero.
Si tienes un evento, una feria o una serie de piezas que necesita afiches, programa y señalética bajo un mismo sistema, cuéntanos el tipo de pieza y el formato de salida. Revisamos el caso y respondemos con una propuesta de dirección visual.